La luz del objeto más luminoso que se conoce tardó en llegar a la Tierra más de 12.000 millones de años, desde la infancia del universo. La luz de este cuásar, como se conocen este tipo de objetos, era tan intensa que, durante un tiempo, se pensó que era una estrella cercana.
Apareció en exploraciones del cielo de 1980 y después en una reciente de 2022, pero en ambos casos se pensó que J0529-4351, como se ha bautizado al objeto, era un sol. Sin embargo, se trataba de un cuásar, un disco de gas y polvo gigantesco, de siete años luz de diámetro, formado en torno a un agujero con la masa de más de 17.000 millones de soles.
Ese objeto devora la materia equivalente a nuestro Sol cada día y sacude sus inmediaciones de tal manera que emite cantidades ingentes de luz que llegan hasta nosotros desde los albores del cosmos. Esta semana, un equipo de científicos liderados por Christian Wolf, de la Universidad Nacional de Australia, en Canberra, publica en la revista Nature Astronomy un análisis que muestra que el cuásar J0529-4351 es el que más rápido crece de todos los conocidos y el que más brilla.
Los cuásares, del inglés quasi stellar object (objetos casi estelares), se llaman así porque, cuando se empezaron a descubrir con radiotelescopios al final de la década de 1950, los astrónomos se dieron cuenta de que aquellos objetos lejanos y poderosos se habían confundido vistos por el telescopio con simples estrellas cercanas. Desde entonces, se han identificado más de un millón.
Pero con frecuencia se ocultan a simple vista, como cuentan los autores del artículo. En un análisis automatizado de los datos obtenidos por Gaia, una sonda de la Agencia Espacial Europea que ha catalogado unos mil millones de objetos astronómicos, se pensó que J0529-4351 era demasiado brillante para ser un cuásar y se identificó como estrella.
Su verdadera naturaleza se reveló el año pasado con observaciones del telescopio de 2,3 metros que tiene la Universidad Nacional de Australia en el Observatorio Siding Spring.
Después, los científicos pudieron estimar con precisión las distancias, las dimensiones y el brillo del objeto con el espectrógrafo X-shooter del Telescopio Muy Grande (VLT, de sus siglas en inglés), la instalación que tiene el Observatorio Europeo Austral en el desierto de Atacama, en Chile.