Kiev, que considera hostiles los constantes acercamientos de Viktor Orbán a Moscú y su oposición al apoyo a Ucrania, está inmerso en su propia campaña de paz y puede que no tenga ningún interés en escuchar las exigencias de Rusia a corto plazo.
A pesar de las duras críticas recibidas por sus anteriores esfuerzos de mediación, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no parece inmutarse y vuelve a estar ocupado reuniendo a países de todo el mundo para impulsar su plan de pacificación de Ucrania.
La semana pasada, al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el líder húngaro trabajó en silencio para pedir a China y Brasil que se unieran a él en la organización de una cumbre de paz que sentara a Moscú y Kiev a la mesa de negociaciones. El medio suizo ‘Weltwoche’, que habló con Orbán en Nueva York, informó de que los líderes de Francia y Suiza también podrían estar presentes en la reunión.
«Hay que acabar con la agonía», declaró Orbán, explicando que sus intensas negociaciones con Pekín y Brasilia se producen en un renovado impulso hacia lo que él considera la paz con Rusia, después de que fracasaran sus intentos de convencer al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de que se le estaba acabando el tiempo. Sin embargo, la última vez que el primer ministro húngaro se propuso hacer algo parecido no le fue muy bien a muchos.