Los mediadores entre Israel y Hamas continuaban este martes en Qatar sus esfuerzos para acordar una tregua, tras más de cinco meses de guerra que han devastado la Franja de Gaza y situado a toda su población bajo la amenaza de la hambruna. Pero eso no indica que el premier israelí esté dispuesto a ceder en sus intenciones de lanzar una ofensiva sobre el último reducto «habitable» del enclave: Rafah, donde se hacinan 1,7 millón de personas.
Con esto, el primer ministro está llevando al límite la sólida relación entre Israel y EE.UU., donde la administración de Joe Biden ha intensificado sus críticas por el alto número de víctimas civiles en la guerra en la Franja de Gaza y considera una «línea roja» la anunciada ofensiva en Rafah.Sur de Gaza. Las calles de Rafah absolutamente llenas de gente construyendo refugios. Crédito: MSF
Ambos mandatarios mantuvieron el lunes su primera conversación telefónica en más de un mes, en el que la tensión ha alcanzado su cota máxima ante el empeño de Netanyahu de mantener la intensidad de la guerra en Gaza para «destruir a Hamás» y de entrar en Rafah, extremo meridional fronterizo con Egipto donde hay unos 1,4 millones de desplazados, más de la mitad de la población del enclave, y quedan cuatro batallones del grupo islamista.
«Hablamos de los últimos acontecimientos en la guerra y del compromiso de Israel de lograr sus objetivos: eliminar a Hamas, liberar todos nuestros rehenes y que Gaza no represente una amenaza para Israel», afirmó Netanyahu, quien el fin de semana aprobó el plan militar para invadir Rafah, pese a las claras reticencias de EE.UU.
Una enfermera argentina Sofía Piñeiro contó desde Rafah, que lo que solía ser una ciudad es hoy un enorme campo de refugiados, donde decenas de miiles de personas viven en precarias carpas hechas de plásticos y palos, desplegadas en las veredas y calles, donde ya no hay autos por la falta de combustible. El lugar se ha convertido en un incesar de personas deambulando a pie o en carros tirados por burros y caballos.
«No encuentro palabras para describir lo que ocurre aquí todos los días», dijo y admitió que el gran temor es el futuro con la línea de fuego israelí cada vez más cerca.
Para Netanyahu, no operar en Rafah es sinónimo de no acabar con Hamas y perder la guerra; una postura diferente a la de Biden, que le insistió en que es un «sinsentido» y se mostró «profundamente preocupado» porque esa operación pondría en peligro las vidas de más de un millón de evacuados que no tienen a donde ir, además de ser esa ciudad la vía de entrada de ayuda humanitaria vital desde Egipto.
«Una gran operación terrestre será un error y llevará a más muertes de civiles. Los objetivos que Israel quiere conseguir en Rafah pueden alcanzarse por otros medios», afirmó el lunes el asesor de seguridad de la Casa Blanca, Jake Sullivan, cuando informó a la prensa sobre la conversación entre Biden y Netanyahu.
La entrada de más ayuda humanitaria a la Franja, insuficiente ante la negativa de Israel a abrir más rutas terrestres, es otro de los puntos de divergencia entre ambos países y EE.UU. está presionando para que los alimentos lleguen al norte, donde la ONU declaró ayer riesgo inminente de hambruna.
«Esta es una crisis continua en la relación desde hace meses, desde que Netanyahu retomó el poder, que se prolongará y empeorará», vaticinó